jueves, 9 de marzo de 2017

Jordania

Con no demasiada información sobre el país y cómo moverse por él, me decido por fin ir a Jordania por mi cuenta, con mi madre como acompañante. Dos mujeres solas deambulando por un país musulmán, rodeado de una zona actualmente muy candente.

Preparo el viaje con antelación reservando hoteles y un coche de alquiler, planeo recorrer todos los destinos en él. Me entero gracias a otros blogueros que existe una especie de pase que se puede comprar por internet que después será lo mejor que hemos hecho en el viaje. Se llama JordanPass (http://www.jordanpass.jo/), y es un pase que te ahorra la visa de entrada y las entradas a todas las atracciones principales de Amán incluido el Wadi Rum y Petra (para Petra hay que elegir el número de días que se quiere acceder). Cambiamos dinero antes de salir para no ir con las manos vacías. El resto es todo sorpresa.

Día 1: Amán. Amán es la capital de Jordania. No hay que esperar demasiado de una urbe que a la vez es capital del país. Como cualquier otra, es caótica, desordenada, y con un tráfico de locura. Aunque a eso no me cuesta adaptarme, el coche funciona bien.
Amán tiene cuatro puntos principales a ver: la Ciudadela, el Teatro romano, la mezquita azul y la mezquita del Rey.
Amán es una ciudad de subidas y bajadas, no tan empinadas como otras, pero tiene muy mala accesibilidad así que la mayoría son escaleras. Lo bonito es que al menos se preocupan en tenerlas cuidadas y casi todas están pintadas con colores vivos. Así que es conveniente ir bien entrenado porque cansa. Si obviamente no se puede por cuestiones físicas, siempre se puede llegar en coche.
Nosotras, por consejo y mapa hecho a mano de la recepcionista del hotel, fuimos andando.

Un punto aparte es el hostal que elegimos. Tenía muy buena puntuación en booking, pero resultó bastante defraudador. Como llegamos temprano nos ofrecieron una habitación alternativa a la que habíamos elegido (en internet te ofrecen una con vistas a la Ciudadela). Al día siguiente nos dimoms cuenta de que en realidad esa habitación parece estar ahí sin preparar nunca, y es la excusa que dan a la gente para cobrar un poco más, y lo peor fue que, al asomarnos por la ventana, las vistas eran a la calle, sin atisbo de la ciudadela por ninguna parte. Otro motivo por el que lo elegí fue porque decía que tenía parking, y al llegar la recepcionista nos dijo que el gobierno había quitado el espacio público y que teníamos que aparcar debajo del puente justo al salir a la calle. Vamos, que nos buscáramos la vida. 
Así que si por alguna razón buscáis algún hotel y os ofrece vistas a la Ciudadela, no os lo creáis, porque no lo hay. La Ciudadela está bastante arriba en la cima de una de las colinas y no se ve a simple vista.

Eso sí, la vista desde la Ciudadela es maravillosa. Se ve casi toda Amán. A la enttrada los guías se ofrecen a darte una vuelta, y quizás le den un poco de vidilla a la visita, pero a nosotras nos gusta mirar por nuestra cuenta y leer los cartelitos. Además el señor que se ofreció hablaba demasiado rápido (fue algo que observamos en todos los guías de habla hispana), como recitando de memoria la retahíla que se había aprendido en español, lo cual personalmente me resulta un poco agobiante.
Con el Jordanpass se entra gratis. Vale la pena pasar alrededor de una hora para ver todas las ruinas, una mezcla de todos los que han pasado por esa tierra en algún momento, y han dejado una muestra de la grandeza que tuvieron. Hay un pequeño museo dentro, muy venido a menos, pero que da una idea general de lo que una vez fue esa colina y Amán en general. También hay un punto desde el que se puede ver el Teatro romano y las mezquitas de las otras colinas. Las vistas son bonitas y muy de color terroso. La cuestión de la falta de pintura de las paredes, es porque, según nos explicó después el dueño del hostal en Petra, el gobierno pagaba los materiales de construcción, con lo cual todas las construcciones son básicas y el que quiere y puede se pinta la casa. Imagino que la pintura es cara, así que queda para los más adinerados.

Para bajar de la Ciudadela al Teatro hay varias opciones, yo seguí la que me ofrecía el gps y terminamos enredándonos con más y más escaleras, pero adentrándonos en los barrios de Amán. Parecía una zona muy tranquila y segura, con niños y adolescentes jugando en las calles al salir del colegio, gatos a las puertas de las tiendas y poco más.
El Teatro tiene una plaza en la entrada que en un tiempo fue uno de los lugares más importantes y concurridos de la ciudad, como en cualquiera que fuera parte del Imperio romano. La plaza actualmente se llama Plaza Hashemita, ya que la familia real se encargó de restaurarla. También se deja ver una calle columnada que se conserva bastante bien y el Odeón, que sobrevive junto al teatro. La entrada también es gratis con el Jordanpass.
A un lado está el Museo del folklore, un breve espacio con vestimentas típicas de todas las épocas, restos del teatro romano y enseres de la vida cotidiana de distintas épocas.

Olvido mencionar que antes de subir a la Ciudadela, decidimos dar una vuelta por la calle principal que bajaba del hotel a buscar algo de comer. Con el mapa de la recepcionista, vamos siguiendo sus indicaciones, encontrando que en la mayoría de sitios todo está en árabe. Así que decidimos ir al que ella menos recomendó por ser turístico, pero el único en el que parecía que alguien hablaba inglés. Un lugar vegetariano, Hashem, con una gran terraza y una pequeña parte interior. Atienden a todos por igual, si uno no sabe qué pedir, no hay carta, pero te llevan a la cocina y te enseñan todo lo que hacen, te explican y así puedes elegir. A casi todo el mundo le sirven lo mismo, y la verdad, la comida es un gustazo. Y lo mejor, el precio, en total pagamos 6 JD, lo que viene a ser unos 8€ en total.
Para la cena encontramos un sitio de shawarma que tenía el menú en inglés y también era muy barato.

La comida en Jordania está muy rica. Se nota la frescura y los sabores son auténticos. Es adecuado buscar fruta para tener, ya que comen poca fibra y demasiado pan, lo cual para nosotras fue un pequeño handicap. Pero en Amán hay un mercado central en el que se puede conseguir fruta fresca y de igual manera muy barata. Los jordanos son gente muy honrada que no intenta aprovecharse, y esa es una conclusión general a lo largo del viaje.

Todo decir que en invierno en la mayoría de Jordania hace un frío que pela y la mayoría de las casas están hechas para ser frescas en verano, así que se pasa bastante frío, sobre todo con el tema de la ducha y a la hora de dormir. Tienen buenas mantas y en la mayoría de lugares calefacción, que sin embargo hay que dejar toda la noche encendida.

Día 2: Salimos rumbo a Petra. Son bastantes horas de conducción, pero la carretera es fácil. Hay que tener en cuenta que en los poblados hay reductores de velocidad que no siempre están señalizados, así que conviene bajar la velocidad al acercarse a las entradas de las poblaciones. Lo triste de la conducción es la cantidad de animales muertos que se ven en la carretera. No hay quitamiedos, y la trashumancia es todavía algo muy común alrededor de todo el país. Así que tristemente los animales cruzan las carreteras y seguramente de noche son atropellados por los camiones que las recorren. No hay mucho tráfico, y por suerte yo pude frenar por un perro que cruzaba la calzada.
Una de las cosas más auténticas es hacer una parada en uno de los poblados a tomar un té o un café (hecho sin filtrar). Cuesta 1JD cada café y ¡te deja despierta por horas! También hay algunas zonas con lavabos gratuitos (letrinas en el suelo). Suficiente para continuar el trayecto.
Llegamos a Petra antes de la hora de comer. Petra en sí, o lo que se conoce como Wadi Musa, es un poblado no muy grande, que vive casi exclusivamente del turismo que genera el sitio arqueológico, arriba de unas montañas con formas redondeadas que parecen pastelitos cubiertos de azúcar. Las cuestas de las calles aquí sí son empinadas. Y aunque a mi madre casi le da un patatús por no ver el otro lado de la calle por la que se va a bajar, el coche funcionó perfectamente.
Llegamos al hostal, que más era una casa de huéspedes, donde nuestro anfitrión Raed nos dio la bienvenida. La casa era muy cuca, nosotras habíamos pedido la habitación con baño dentro, tenía calefacción y buenas mantas. Eso sí, el agua no corría con mucha presión, así que ducharse fue de nuevo una aventura pisando un suelo que te helaba literalmente los pies. Eso sí, la amabilidad de Raed compensaba, nos trajo unos shawarmas para comer, y luego nos llevó a explorar un poco lo que era el pueblo y las cosas principales que podíamos necesitar.
Pasamos la tarde paseando y luego bajamos por nuestra cuenta a buscar algunos souvenires. Por la noche compramos entradas para Petra night. Es una especie de evento que realizan tres noches a la semana, en el que se accede al recinto de Petra hasta el Tesoro, todo iluminado con velas. Tocan un poco de música con instrumentos típicos históricos y explican un poco qué es Petra by night. Al día siguiente nos levantábamos temprano a explorar Petra.
Esa noche decidimos cenar solamente algo de fruta que traíamos, al final tanto pan nos pasó un poco de factura.

Día 3: Petra. El Jordanpass que adquirí nos daba entrada para dos días. Así que después de desayunar nos fuimos decididas a explorar lo más que pudiéramos. 
Petra es muy grande, así que hay que estar preparado para caminar mucho. Pero mucho. La alternativa es utilizar los animales que van ofreciendo por el camino, pero no todos se ven bien cuidados. De hecho el lugar anima al visitante a reportar cualquier tipo de maltrato hacia los animales del recinto. Los animales están divididos por zonas. En la entrada están los caballos, que te llevan hasta la entrada del Siq, el desfiladero por el que se camina hasta llegar al Tesoro (Al-Jazneh). Ese desfiladero se puede bajar o subir en una especie de carretas tiradas por otros caballos. Nosotras al final del segundo día lo hicimos al volver, ya agotadas de tanto caminar, y vale la friolera de 20JD. Después de lo barato que había sido todo en todas partes nos pareció muy caro, y no es que los caballos estén en las mejores condiciones, pero ya no podíamos más.
Desde el Tesoro se puede seguir bajando en camello hasta una parada que hay, donde se encuentra un restaurante y baños. Desde ahí hasta la subida al Monasterio (Al-Deir), se puede acceder subiendo los 800 escalones que llevan hasta la punta de la montaña donde se encuentra, o se puede subir con burro (por 5JD). Nosotras lo hicimos andando, toda una odisea, pero conseguible. Llegar hasta allí es muy gratificante. Eso sí, de nuevo la forma física es importante. Ese día básicamente nos ocupó subir y bajar, y en el camino vimos el resto de cosas por encima. 
Por la noche decidimos probar alguno de los restaurantes para turistas que hay en la calle que da a Petra, una de las cenas más ricas del viaje, con unos guisos de carne, sopas y platos variados típicos muy ricos. El precio algo más elevado, pero vale la pena. 

Día 4: Petra. Decidimos explorar lo que nos quedaba por ver. La cuestión es que las señales no están bien puestas en la mayoría de las cosas, y el plano es bastante malo, así que nos perdimos y terminamos subiendo escaleras de nuevo, pensando que íbamos a llegar a una parte y terminamos en otra. Fue agotador, y por eso al final del día tuvimos que decidirnos por volver en una carreta. Nada cómodo, eso seguro. 
El resumen de la visita a Petra me divide en dos sensaciones: por un lado, la magnificencia de algo que lleva allí por tantos miles de años y ha sobrevivido (y a saber por cuánto tiempo más) a tanta historia a su alrededor. Por otro, el desorden y el caos, la cantidad de animales  que merodean y de niños intentando vender postales a los turistan, afean disfrutar del recinto en plenitud. Nosotras llevábamos comida para dar a los perritos que no llevan precisamente las de ganar en el lugar.
Pero Petra inspira y enseña mucho. Y eso que queda en la memoria ya queda para siempre.

Día 5: salimos temprano hacia Wadi Rum, el trayecto es más corto y la carretera está en buen estado. Básicamente es bajar toda la montaña que habíamos recorrido. El paisaje es árido, aislado, pero con vida. Llegamos a Wadi Rum. Gracias a Raed, habíamos contactado con el campamento con antelación, ya que el acceso a la zona protegida ha de ser con vehículos especiales. Así que el coche queda aparcado en el centro de visitantes y la estancia ya depende completamente del lugar donde uno se hospede. La entrada también está incluida con el Jordanpass.
Hay que decir que aunque todos los campamentos parecían iguales en las fotos, obviamente hay unos que ofrecen mejores comodidades. Los baños suelen ser comunes, y funcionan con generadores cargados por energía solar. En nuestro caso, por desgracia las camas eran terriblemente incómodas. Pasamos una de las peores noches de nuestra vida, con unas barras de metal clavadas en los riñones, literalmente. 
En la excursión que hicimos nada más llegar, descubrí que había un campamento cuyas habitaciones son como unas burbujas que dejan ver el cielo por la noche. Creo que si alguna vez volviera recomendaría ese lugar sin duda. Nosotras vimos las estrellas por la noche y es algo inigualable. Unido al nulo ruido (ni siquiera animales).
Los beduinos son muy amables, pero eso sí, tal y como nos recomendó Raed, no vale la pena hacer una excursión de más de dos horas, ya que en ese espacio de tiempo se ve todo lo que hay por ver, el resto es lo que el guía gaste en ponerse al día con sus vecinos y tomando té (que toman a todas horas cargado de azúcar). Nosotras gastamos tres horas y creo que con dos habría sido más que suficiente.
La cena la ofrece el campamento por separado, una cena típica beduina preparada por el personal del campamento. Muy rico todo. Si no eres fumador/a, prepárate porque ellos sí lo son, y fuman a todas horas, junto al té, que no paran de beber hasta la hora de dormir.

Día 6: después de desayunar y con la resaca de la mala noche pasada y sin duchar ya que las duchas comunes están demasiado frías por la noche de invierno del desierto, salimos rumbo al Mar Muerto.
El trayecto vuelve a ser bastante largo, nos recomiendan bajar hasta Áqaba, la ciudad portuaria al sur de Jordania donde vienen a parar todos los cruceros que atraviesan el Mar Rojo de un lado para otro. Aquí se nota más el efecto del turismo, la inversión mantiene la carretera en muy buen estado y es bastante más fácil conducir. Desde Áqaba se empieza a ver el terreno más árido, y toda la carretera deja ver el otro lado de la frontera, que ya es tierra Israelí, o lo que antes era Palestina. Una vez se empieza a bajar el valle hacia el Mar Muerto, se empiezan a ver tierras más cultivadas, y gran cantidad de campos de refugiados que las trabajan, y al menos viven de su producción. 
Finalmente llegamos al Mar Muerto. El lado jordano, básicamente está lleno de resorts que lo explotan. Antes de llegar se puede ver una gran fábrica que extrae la sal y otros minerales que sacan del mismo.
El hotel en que nos hospedamos, una cadena hotelera conocida, es muy agradable. El staff muy amable. Solamente se puede acceder a él con reserva. Llegamos a la habitación, con vistas a la piscina, se nos informa de todas las instalaciones y de que el acceso al mar está abierto hasta el atardecer, sin hora fija, simplemente hasta que empiece a oscurecer. En nuestra falta de previsión, nos damos cuenta de que no hemos traído nada para el mar, así que nos toca bajar con los albornoces de la habitación, todo un show teniendo en cuenta de que en el baño hay un cartel que pone que no se usen para bajar al mar... (¡un desastre!)
En fin, bajamos a hacer lo típico: baño en el mar, untarse de lodo, dejar secar, baño en el mar... Así hasta que los turistas chinos llegan a hacer todo lo que te indican que no hagas. Tragar agua, salpicar, ponerse el lodo para quitárselo sin dejarlo secar, gritar y romper con ese momento de placer del que los demás disfrutábamos. Un par de fotos y nos subimos a la piscina. Piscina climatizada, ahhhh....
Un ratito en el jacuzzi y a descansar antes de bajar a cenar.
Descubro que realmente mucha gente viene en plan spa, a descansar y relajarse unos días alejados del ruido de las ciudades pero con todas las comodidades que ofrece un resort.
Subimos a ducharnos y a cambiarnos y bajamos a cenar. En este hotel hay dos restaurantes, y ya cansadas un poco de lo repetitivo de la comida local, nos decidimos por el de hamburguesas. Hubiera sido de buena fe que la camarera nos hubiera avisado de lo grande que era la hamburguesa que habíamos pedido (tamaño monster), pero la disfrutamos de lo lindo.
Y aquí sí, dormimos como bebés...

Día 7: salimos con destino al aeropuerto. La llegada es fácil siguiendo el GPS, y la devolución del coche muy fácil también. Dentro del aeropuerto de Amán hay dos controles de seguridad. Uno en el que revisan TODO el equipaje, y después de hacer el check-in, se hace el control normal en el que hasta unas zapatillas te van a hacer pasar por los rayos X por motivos de seguridad. Aunque sus razones tienen, así que no queda más que obedecer y tener paciencia.
El aeropuerto tiene wifi gratis y es muy cómoda la espera. Algunas tiendas de duty free por si se ha olvidado algo y poco más.



sábado, 14 de noviembre de 2015

India. Sobre tours concertados y otras desdichas...

Acabo de volver de un viaje por la India. Hemos recorrido el triángulo de oro: Delhi, Jaipur y Agra, más una extensión a Bombay.

El viaje fue contratado mediante una agencia de viajes para, en teoría, hacerlo todo más fácil, ya que una de las personas con las que viajaba no habla inglés.
El problema de este tipo de viajes es que hay demasiados intermediarios: la agencia con la que contratas, a su vez contrata el viaje mediante un mayorista, que a su vez contrata a una agencia local en el lugar de destino. Esto hace que la comunicación sea bastante complicada en caso de problemas o emergencias, es como jugar al teléfono roto.
Junto con todos los papeles que te entregan en la agencia, viene una información detallada, o al menos eso creíamos, de lo que vas a hacer, dónde te vas a alojar, etc. Un listado de los vuelos, de la ruta, de los hoteles, y un teléfono local en caso de emergencias, aparte de las condiciones del seguro de viaje y de los posibles cambios que puedan haber por parte de la agencia.

Empezamos por los vuelos. La agencia nos contrató unas conexiones demasiado cortas, imagino que eso abarata el precio, pero eso sí, mi recomendación es que NUNCA cojáis semejantes conexiones tan cortas, sobre todo por el tema imprevistos. Nosotros volábamos con Air France. En nuestro caso, había, como no sucede nunca, una tormenta bastante importante que retrasó el vuelo de salida, y niebla en París, lo que retrasó la llegada y la salida del siguiente vuelo, que en este caso fue lo mejor porque si no habríamos perdido la conexión. Lo que nunca previmos fue que las maletas también lo consigueran. Y no fue el caso.

Llegamos a Dehli con una hora de retraso. El paso migratorio es caótico, por eso es altamente recomendable hacer el visado online, lo cual mejora mucho la cola y el tiempo de espera. Esto se puede hacer en la página https://indianvisaonline.gov.in/visa/index.html Cuando llegamos a la cinta de espera de las maletas, nos damos cuenta de que el personal de tierra (que en Dehli es la empresa Celebi la que se ocupa del handling de Air France), se encarga de recoger diría que decenas de maletas que no han llegado en el vuelo correspondiente. Otra persona lleva una larga lista en la mano, correspondiente a las personas que no van a recibir su maleta en ese vuelo, y de las que ya tienen al menos la información y les será entregada al día siguiente con la llegada del próximo vuelo. Nosotras no estamos en esa lista (uf!...uf?) Seguimos esperando las maletas. Y nunca aparecen. Nos hacen ir a la oficina a rellenar un papelito que no parece vaya a servir de mucho. Se guardan los comprobantes de las etiquetas de las maletas y nos dejan a nosotras con una copia escrita del reclamo. Y así nos mandan al hotel.
La conclusión que saco de esto es que siempre, SIEMPRE, lleves una muda de ropa completa en mano. Sobre todo si viajas a un país donde ni siquiera saben decirte dónde puedes comprar ropa interior.
Las maletas llegaron a la madrugada del quinto día de nuestra estancia, a tres horas de abandonar Jaipur hacia Agra. Cuatro interminables días de discusiones, viajes al aeropuerto, llamadas y más llamadas y mucha frustración. Sentimiento de no poder hacer nada. Mentiras por parte de la agencia local y de la empresa Celebi. El supuesto teléfono de emergencias que nunca contestó. Las maletas se perdieron en París, y los únicos que finalmente supieron darnos respuesta fue la agencia de viajes en España. Si no llega a ser por ellos, quizás nunca hubieran llegado. Pésima la gestión de Air France, pésima la gestión del handling Celebi y pésima la gestión de la agencia de llegada, SITA.

Lo tercero fue la estancia en los hoteles. Cada llegada era otra discusión. Nosotras éramos tres, así que decidimos pedir habitación triple. No debería ser nada del otro mundo, ya que miles personas viajan cada día en tours organizados solicitando habitación triple, y, por experiencia (trabajé en un hotel), puedo asegurar que en la mayoría de hoteles estas tres personas se habrán encontrado con una habitación lista con la tercera cama ya preparada, incluyendo toallas y amenities para tres personas. Pues en la India esto no sucede. En la India, aunque llegues a las 3 A.M. tienes que solicitar que pongan la tercera cama cuando llegues. O "cuando usted decida" como nos decían siempre. 'Ah, no, mira, es que como son las 3 de la mañana ya mejor duermo en el suelo y me pones la cama mañana si eso'. Nunca, en ninguno de los hoteles en los que estuvimos, la cama estuvo preparada. Ni qué decir de las toallas ni el resto de cosas.

Cuarto: la comida. Prepara el estómago bien. Si eres de los que no les gusta el picante, te aconsejo que o bien practiques a comer un poquito antes de ir, o bien te lleves bastantes galletas en la maleta. Y mejor en la maleta de mano por si acaso. En muy pocos de los sitios que comimos la comida no picaba. Mucho ojo con las cosas frescas, ofrecen mucha ensalada pero no recomiendo comerla. Nosotras sufrimos diarrea dos veces, lo cual me lleva a recomendar varias cosas básicas en el botiquín de viaje: lomperamida (más conocida como Fortasec), almax u omeprazol por si os gusta mucho y os pasáis, Sulfintestín (antibiótico específico) y Primperan o Motilium para las náuseas.
Si os gusta el picante comed sin reparo, los que comieron así nunca se pusieron malos, ni aun comiendo de la calle.

Bien, ahora ya el viaje por partes.
Dehli. Sin previo aviso nos cambian el hotel. Sin tráfico, se encuentra a una hora larga desde el aeropuerto. A la llegada nos espera un representante de Sita, el primero que nos dice que se hará responsable de las maletas. La tercera cama no está lista, por fin conseguimos que vengan a ponerla y nos vamos a dormir. Son las 4 A.M. Despertamos a las 6:30 para estar listas a las 8:30. a que nos vengan a recoger. El guía, por instrucciones mal dadas por la agencia y tráfico, llega a las 10:30. Dos horas robadas.
Salimos rumbo a la vieja Dehli, un pequeño vistazo a la Nueva Dehli con paseo en rickshaw (con "propina" obligatoria de 50 rupias, no recuerdo bien si por persona) y vuelta al hotel. Cena en el hotel. Ese día la persona cuyo nombre aparece como teléfono de emergencia nos contacta prometiendo que las maletas llegarán esa noche. Sin noticias para enconces, decidimos llamar de vuelta sin obtener respuesta alguna. Emprendemos un viaje al aeropuerto completamente en vano, conociendo finalmente que las maletas nunca llegaron y que ni siquiera tienen noticias de dónde están.

Esto merece un punto aparte. Los aeropuertos. En India, si quieres ir a despedir a un familiar o amigo vas a tener que hacerlo desde afuera, porque son literalmente búnkers inccesibles por nadie más que por el personal autorizado (agencias de turismo) o por las personas que van a viajar, enseñando los billetes en formato papel y los pasaportes. Nada de acompañantes, visitantes, familiares...
En este caso, querer acceder para reclamar las maletas era algo prácticamente imposible. El único lugar de acceso libre es un pequeño pasillo donde están las oficinas de reclamación de las aerolíneas, que en el caso de Celebi, por la noche está cerrada. Finalmente conseguimos contactar con la Duty Manager que nos promete que en cuanto sepa algo nos avisa. Fue una de las pocas personas que cumplió con su palabra.

Tercer día. Partimos rumbo a Jaipur. Habiendo preguntado si no podíamos hacer compras en Dehli, se nos indica que Jaipur es mejor, así que esperamos. En el camino paramos en Samode, donde comemos en un magnífico palacio que hay en medio de la nada.
Desde un principio se nos indica que a los vendedores callejeros no se les hace caso a no ser que se les vaya a comprar algo. No se les dice ni sí, ni no. No se regatea si no vas a comprar. Pero vale la pena. Las cosas más baratas se van a encontrar de manos de ellos, y siempre de la misma calidad, obviamente. Eso sí, el dinero mejor que no te lo vean, así que es recomendable llevarlo separado en varios compartimentos o bolsillos o lo que sea.
Por la tarde-noche llegamos a Jaipur, después de un largo y agotador día de viaje en bus. De pasada vemos desde el bus el centro de la ciudad, organizada como un gran bazar lleno de tiendas donde se vende de todo, para el turista obviamente, pero de todo. Esta es la oportunidad para comprar, si la tienes. A nosotros nos prometieron darnos tiempo al día siguiente, que finalmente pasó a ser una hora escasa.
Hacemos el check-in en el hotel, donde la tercera cama no está preparada. Seguimos sin saber de las maletas, pero aquí tenemos la oportunidad de comprar algo más de ropa en la tienda que hay justo fuera del hotel. Por la noche recibimos la llamada de la Duty Manager de Celebi con la noticia de que las maletas por fin han llegado. Ahora queda que nos las entreguen. Cena en el hotel.

Cuarto día. Por cuestiones de mala gestión, las maletas son enviadas al hotel de Dehli. Salimos a ver el fuerte de Agra con subida en elefante. Lo del elefante suena muy bien hasta que los ves. El trato hacia el animal depende de su cuidador, que a la vez es su dueño. El precio está pagado, pero al final del trayecto el conductor va a pedir una "propina" de 50 rupias.

Aquí hago otro punto y aparte. El tema de las propinas. Algo desesperante si nunca te han saqueado de esta manera. Puedo decir que en este viaje he gastado más en propinas que en cualquier otra cosa. Las propinas en el triángulo de oro son algo asumido y casi diría que institucionalizado. El guía te va informando de cuánto es la propina, para esta persona, para esta otra... Incluso te informa al final del tour de cuánto es la propina para él, para el conductor y el ayudante. La explotación laboral les ha llevado a acostumbrarse a sacar un sobresueldo en propinas. Y para el viajero puede suponer el 50% del presupuesto que lleve.

Después de esto vemos el resto de puntos importantes de Jaipur, nos llevan a una fábrica de telas donde el objetivo final (como en tantas otras partes) es venderte algún que otro fular, un sari o lo que se tercie. Esta parada no está explicada en ninguna parte, lo cual nos deja con la idea de que son arreglos que se hacen con la agencia local, que por supuesto implican una comisión al guía, que insiste en llevarnos dejándonos muy poco tiempo para las compras personales que tanto pedimos. Así terminamos teniendo sólo una hora en el bazar central, pudiendo apenas encontrar cosas que llevar teniendo en cuenta el tiempo que se pierde regateando.
Volvemos al hotel. Cena.

Quinto día. Por fin aparecen las maletas. A las 4 A.M. nos llaman a la habitación desde la recepción. Todas han llegado. Propina de turno y a intentar dormir las horas que nos quedan para salir hacia Agra. Partimos a las 8:30, haciendo parada en la Ciudad Fantasma. Por la tarde nos llevan de nuevo a una fábrica de joyería, otro disgusto porque aquí casi nadie compra nada y se considera una pérdida de tiempo. Llegada a Agra y cena en el hotel. Para variar la tercera cama no está lista.

Agra es la más fea de las tres ciudades. Más sucia, desordenada y caótica, esta ciudad vive casi exclusivamente de las visitas al Taj Mahal. No da la cara al turista ni le interesa. Antes de llegar al hotel, el guía nos avisa de cómo funciona el mismo. Un sistema completamente diferente al que hemos experimentado hasta ahora. Aquí todos se matan por atenderte, pero sólo porque todos van detrás de la propina. Los maleteros corren a cogerte las maletas. No porque sea su trabajo, sino porque esperan la propina. Los camareron corren a moverte la silla, o a servirte de un buffet del que puedes hacerlo tú mismo. No porque sea su trabajo, sino porque esperan una propina. No sé cuánto les pagan, seguramente una miseria, pero honestamente todos acabamos cansados de una sobre atención que no se da por el hecho de que les guste su trabajo, sino porque esperan una propina. Sentarte a comer rodeada de 8 camareros que literalmente parecen buitres al acecho de carroña, deja de ser agradable.

Sexto día. Por fin vamos a ver el Taj Mahal. Ya con nuestra ropa limpia, salimos rumbo a una de las siete maravillas del mundo. Ese día, por fin, todo parece ir bien. Tiempo suficiente para hacer fotos, pasear, ver, conocer. Tiempo ultra-limitado para comprar un par de souvenires. Bajada en carro de caballos (misma sensación o peor que con los elefantes), con por supuesto su propina correspondiente. Después vamos al Fuerte de Agra. Comemos en una de las mejores paradas que hemos hecho, con comida hecha menos picante al gusto del turista.
Por la tarde, supuestamente íbamos a ver otra fábrica más, esta vez de mármol, pero todos nos opusimos. A cambio nos ofrecen ir a ver una obra de teatro que algunos deciden ir a ver. Nosotras en cambio decidimos quedarnos a descansar en el hotel. Organizamos una cena de despedida con el grupo, ya que al día siguiente nuestros caminos se separan. Coco, Pepa y Pilar se van en tren hacia Varanasi. El resto vamos hacia Dehli para coger distintos vuelos con distintos destinos: Carmen hacia Sri Lanka, Cristina y Gloria de vuelta a España, Tomé y Salvita hacia Goa, Félix y Antonio de vuelta a casa y nosotras a Bombay.

Séptimo día. Salimos rumbo a Dehli de vuelta con el bus. Cinco largas horas de trayecto de nuevo, que terminan en un hotel cerca del aeropuerto, con comida incluida. Nosotras partimos inmediatamente después de la comida, mientras al resto les toca esperar en el hall del hotel a sus respectivos taxis. Algunas tuvieron que esperar allí hasta las 23:00, algo que tampoco estaba escrito en niguna parte, y que más aún en los papeles de algunas personas especificaba que esa tarde se usaría para ir de compras por Dehli. Ahí separamos nuestros caminos confiando en al menos pasar los últimos dos días de viaje ya con más ganas.

El vuelo a Bombay sale puntual, llegamos por la noche donde recibimos nuestras maletas (¡esta vez sí!) y nos espera puntual el conductor. En el hotel nos recibe el representante y una recepcionista muy agradable que nos informa de todo y al menos, por primera vez, nos avisa que la tercera cama no está puesta pero que la manda a poner en seguida. Tenemos un pequeño problema con la reserva que se soluciona al día siguiente. Como aquí la cena no está incluida, tenemos la oportunidad de cenar algo más occidental, por fin. También nos informan de que el tour no será al día siguiente, sino al otro, porque dicen que una de las cosas que vamos a ver está cerrada los lunes. Un cambio que no nos apetecía mucho, pero que al final resultó muy bueno porque una de nosotras enfermó al día siguiente. Bueno, en realidad todas enfermamos pero de cosas distintas...

Así que el día libre en Bombay, que prometía ser el definitivo para encontrar cosas tipo souvenirs y regalos, resultó siendo un día de descanso para una, y de tráfico y estrés para las otras. Pero al final al menos encontramos algunas cosas, eso sí, souvenirs 0.

Al día siguiente nos encontramos con Sunita, nuestra guía, y ponemos rumbo a uno de los mejores días del viaje. Una persona culta y moderna, que nos deja ver la visión de la India moderna, de su historia y de su religión. Desgraciadamente, como todo el viaje, el tiempo en la India se evapora, apenas dejándonos el tour sin terminar, no pudiendo ver la lavandería de los slums, algo que completaba la visión general de la vida en Bombay. Sin embargo, creo que de aquí es de donde me llevo más información y una visión en conjunto de lo que es este país, lleno de contrastes.
En esta ciudad nadie nos pidió ni una sola propina. Todo fue como lo acordado y todo problema fue resuelto.

Cenamos en el hotel y descansamos ya unas horas para preparar nuestro regreso. Una recuperándose y las otras empeorando, pero no importa porque ya volvemos. Y creo que hasta ahora nunca me he alegrado tanto de terminar un viaje. Una experiencia al completo con niveles de estrés insospechados, que me deja muy mal sabor de boca por parte de los viajes en paquete.

Incredible India.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Brisbane

Brisbane es una ciudad verde. La ciudad en sí no tiene mucho que ver, el centro es bastante pequeño y tiene unos jardines botánicos que valen la pena visitar. A cambio, Brisbane es el punto de llegada de gran cantidad de mochileros y turistas deseosos de visitar una de las áreas playeras más variadas que hay, además de encontrarse al inicio de la línea que forma la gran barrera de coral.
Además, Brisbane se encuentra en el único estado de Australia que permite abrazar koalas. Y aunque parezca simple, es una experiencia única. El Lone Pine Koala Sanctuary es uno de los refugios más antiguos del mundo, y se dedica a preservar animales únicos en Australia, algunos en peligro de extinción. Además a este parque se puede venir como voluntario.

Brisbane cuenta con gran cantidad de alojamiento, desde lo más barato (10AUD) hasta hoteles de lujo. Yo me alojé en un hotel de un precio un poco elevado, por el hecho de querer el baño en la habitación. El hotel estaba muy bien situado, el staff era muy amable y la habitación, aunque muy pequeña, tenía de todo. El hotel se llamaba George Williams. Lo único que no me gustó era que la oferta con la que cogí el hotel decía incluir desayuno, pero luego resultó que en la letra pequeña especificaba que el desayuno era para una sola persona, con lo cual nos tocó pagar el bono para la segunda. Después concluimos que no vale la pena, ya que justo al lado y enfrente del hotel hay una tienda y una cafetería que ofrecen el desayuno por mucho menos.

Para llegar del aeropuerto a Brisbane y viceversa hay varias opciones. Dependiendo de la hora del vuelo convendrá usar una u otra. Nada más salir a la terminal internacional, hay un puesto de información en el que te puedes informar sobre todas las opciones. Por la hora de llegada de mi vuelo, la única opción era Con·X·ion, una empresa de transporte privado que por un precio muy módico (16AUD), te lleva a la puerta del hotel, sea el que sea. Tienen dos rutas, una a la ciudad y la otra a la Gold Coast.
También existe algo llamado el Air Train, pero sus horarios son más limitados, y el precio es similar al de la otra empresa. 

Pasear por la ciudad es muy sencillo, a no ser que haga un día muy caluroso se puede caminar a todas partes. Para ir a Lone Pine se pueden coger dos buses, en todos los hoteles hay unos papelitos en los que se puede leer la información claramente. Muchas páginas web no están actualizadas al respecto, así que lo mejor siempre es confirmar en la página propia de transporte de Brisbane: http://translink.com.au/ 
El billete sencillo del bus vale 6.70AUD, que resulta bastante caro comparado con otros lugares, pero, a no ser que vayáis a estar más días y a usar transporte público, vale la pena pagar sólo eso y no tener que comprar la tarjeta de transporte.
El sistema de transporte en Australia es muy completo, así que siempre habrán opciones para llegar a cualquier parte, eso sí, ¡hay que informarse bien antes de coger la parada errónea!
Brisbane City Hall


Botanic Gardens

Brisbane

Brisbane

Lone Pine 




viernes, 8 de noviembre de 2013

Hola a tod@s,

Soy azafata de vuelo. He decidido empezar este blog ahora, dos años depués de haber empezado a volar. Colgaré algunas fotografías y sobre todo información útil acerca de los destinos a los que voy. 
Si tenéis cualquier pregunta no dudéis en hacerla, intentaré responderla siempre que pueda.

Ahora mismo voy de camino a mi próximo viaje, así que a medida que vaya recopilando información la iré poniendo aquí.

Espero ser de ayuda para otros tantos viajeros, o simplemente servir de entretenimiento a quien caiga por aquí.

Hasta pronto!

Hello everyone,

I'm a flight crew. I decided to start this blog now, after two years flying already. I'll post some pictures but mainly useful information about the destinations I'm visiting. If you have any question do not hesitate to contact me, I will try to reply as far as I can.

Right now I'm heading to my next trip, so as soon as I have information I will start posting here.

I hope this blog helps some other travellers, or will be a simple entertainment for those who stop by here.

See you soon!