sábado, 14 de noviembre de 2015

India. Sobre tours concertados y otras desdichas...

Acabo de volver de un viaje por la India. Hemos recorrido el triángulo de oro: Delhi, Jaipur y Agra, más una extensión a Bombay.

El viaje fue contratado mediante una agencia de viajes para, en teoría, hacerlo todo más fácil, ya que una de las personas con las que viajaba no habla inglés.
El problema de este tipo de viajes es que hay demasiados intermediarios: la agencia con la que contratas, a su vez contrata el viaje mediante un mayorista, que a su vez contrata a una agencia local en el lugar de destino. Esto hace que la comunicación sea bastante complicada en caso de problemas o emergencias, es como jugar al teléfono roto.
Junto con todos los papeles que te entregan en la agencia, viene una información detallada, o al menos eso creíamos, de lo que vas a hacer, dónde te vas a alojar, etc. Un listado de los vuelos, de la ruta, de los hoteles, y un teléfono local en caso de emergencias, aparte de las condiciones del seguro de viaje y de los posibles cambios que puedan haber por parte de la agencia.

Empezamos por los vuelos. La agencia nos contrató unas conexiones demasiado cortas, imagino que eso abarata el precio, pero eso sí, mi recomendación es que NUNCA cojáis semejantes conexiones tan cortas, sobre todo por el tema imprevistos. Nosotros volábamos con Air France. En nuestro caso, había, como no sucede nunca, una tormenta bastante importante que retrasó el vuelo de salida, y niebla en París, lo que retrasó la llegada y la salida del siguiente vuelo, que en este caso fue lo mejor porque si no habríamos perdido la conexión. Lo que nunca previmos fue que las maletas también lo consigueran. Y no fue el caso.

Llegamos a Dehli con una hora de retraso. El paso migratorio es caótico, por eso es altamente recomendable hacer el visado online, lo cual mejora mucho la cola y el tiempo de espera. Esto se puede hacer en la página https://indianvisaonline.gov.in/visa/index.html Cuando llegamos a la cinta de espera de las maletas, nos damos cuenta de que el personal de tierra (que en Dehli es la empresa Celebi la que se ocupa del handling de Air France), se encarga de recoger diría que decenas de maletas que no han llegado en el vuelo correspondiente. Otra persona lleva una larga lista en la mano, correspondiente a las personas que no van a recibir su maleta en ese vuelo, y de las que ya tienen al menos la información y les será entregada al día siguiente con la llegada del próximo vuelo. Nosotras no estamos en esa lista (uf!...uf?) Seguimos esperando las maletas. Y nunca aparecen. Nos hacen ir a la oficina a rellenar un papelito que no parece vaya a servir de mucho. Se guardan los comprobantes de las etiquetas de las maletas y nos dejan a nosotras con una copia escrita del reclamo. Y así nos mandan al hotel.
La conclusión que saco de esto es que siempre, SIEMPRE, lleves una muda de ropa completa en mano. Sobre todo si viajas a un país donde ni siquiera saben decirte dónde puedes comprar ropa interior.
Las maletas llegaron a la madrugada del quinto día de nuestra estancia, a tres horas de abandonar Jaipur hacia Agra. Cuatro interminables días de discusiones, viajes al aeropuerto, llamadas y más llamadas y mucha frustración. Sentimiento de no poder hacer nada. Mentiras por parte de la agencia local y de la empresa Celebi. El supuesto teléfono de emergencias que nunca contestó. Las maletas se perdieron en París, y los únicos que finalmente supieron darnos respuesta fue la agencia de viajes en España. Si no llega a ser por ellos, quizás nunca hubieran llegado. Pésima la gestión de Air France, pésima la gestión del handling Celebi y pésima la gestión de la agencia de llegada, SITA.

Lo tercero fue la estancia en los hoteles. Cada llegada era otra discusión. Nosotras éramos tres, así que decidimos pedir habitación triple. No debería ser nada del otro mundo, ya que miles personas viajan cada día en tours organizados solicitando habitación triple, y, por experiencia (trabajé en un hotel), puedo asegurar que en la mayoría de hoteles estas tres personas se habrán encontrado con una habitación lista con la tercera cama ya preparada, incluyendo toallas y amenities para tres personas. Pues en la India esto no sucede. En la India, aunque llegues a las 3 A.M. tienes que solicitar que pongan la tercera cama cuando llegues. O "cuando usted decida" como nos decían siempre. 'Ah, no, mira, es que como son las 3 de la mañana ya mejor duermo en el suelo y me pones la cama mañana si eso'. Nunca, en ninguno de los hoteles en los que estuvimos, la cama estuvo preparada. Ni qué decir de las toallas ni el resto de cosas.

Cuarto: la comida. Prepara el estómago bien. Si eres de los que no les gusta el picante, te aconsejo que o bien practiques a comer un poquito antes de ir, o bien te lleves bastantes galletas en la maleta. Y mejor en la maleta de mano por si acaso. En muy pocos de los sitios que comimos la comida no picaba. Mucho ojo con las cosas frescas, ofrecen mucha ensalada pero no recomiendo comerla. Nosotras sufrimos diarrea dos veces, lo cual me lleva a recomendar varias cosas básicas en el botiquín de viaje: lomperamida (más conocida como Fortasec), almax u omeprazol por si os gusta mucho y os pasáis, Sulfintestín (antibiótico específico) y Primperan o Motilium para las náuseas.
Si os gusta el picante comed sin reparo, los que comieron así nunca se pusieron malos, ni aun comiendo de la calle.

Bien, ahora ya el viaje por partes.
Dehli. Sin previo aviso nos cambian el hotel. Sin tráfico, se encuentra a una hora larga desde el aeropuerto. A la llegada nos espera un representante de Sita, el primero que nos dice que se hará responsable de las maletas. La tercera cama no está lista, por fin conseguimos que vengan a ponerla y nos vamos a dormir. Son las 4 A.M. Despertamos a las 6:30 para estar listas a las 8:30. a que nos vengan a recoger. El guía, por instrucciones mal dadas por la agencia y tráfico, llega a las 10:30. Dos horas robadas.
Salimos rumbo a la vieja Dehli, un pequeño vistazo a la Nueva Dehli con paseo en rickshaw (con "propina" obligatoria de 50 rupias, no recuerdo bien si por persona) y vuelta al hotel. Cena en el hotel. Ese día la persona cuyo nombre aparece como teléfono de emergencia nos contacta prometiendo que las maletas llegarán esa noche. Sin noticias para enconces, decidimos llamar de vuelta sin obtener respuesta alguna. Emprendemos un viaje al aeropuerto completamente en vano, conociendo finalmente que las maletas nunca llegaron y que ni siquiera tienen noticias de dónde están.

Esto merece un punto aparte. Los aeropuertos. En India, si quieres ir a despedir a un familiar o amigo vas a tener que hacerlo desde afuera, porque son literalmente búnkers inccesibles por nadie más que por el personal autorizado (agencias de turismo) o por las personas que van a viajar, enseñando los billetes en formato papel y los pasaportes. Nada de acompañantes, visitantes, familiares...
En este caso, querer acceder para reclamar las maletas era algo prácticamente imposible. El único lugar de acceso libre es un pequeño pasillo donde están las oficinas de reclamación de las aerolíneas, que en el caso de Celebi, por la noche está cerrada. Finalmente conseguimos contactar con la Duty Manager que nos promete que en cuanto sepa algo nos avisa. Fue una de las pocas personas que cumplió con su palabra.

Tercer día. Partimos rumbo a Jaipur. Habiendo preguntado si no podíamos hacer compras en Dehli, se nos indica que Jaipur es mejor, así que esperamos. En el camino paramos en Samode, donde comemos en un magnífico palacio que hay en medio de la nada.
Desde un principio se nos indica que a los vendedores callejeros no se les hace caso a no ser que se les vaya a comprar algo. No se les dice ni sí, ni no. No se regatea si no vas a comprar. Pero vale la pena. Las cosas más baratas se van a encontrar de manos de ellos, y siempre de la misma calidad, obviamente. Eso sí, el dinero mejor que no te lo vean, así que es recomendable llevarlo separado en varios compartimentos o bolsillos o lo que sea.
Por la tarde-noche llegamos a Jaipur, después de un largo y agotador día de viaje en bus. De pasada vemos desde el bus el centro de la ciudad, organizada como un gran bazar lleno de tiendas donde se vende de todo, para el turista obviamente, pero de todo. Esta es la oportunidad para comprar, si la tienes. A nosotros nos prometieron darnos tiempo al día siguiente, que finalmente pasó a ser una hora escasa.
Hacemos el check-in en el hotel, donde la tercera cama no está preparada. Seguimos sin saber de las maletas, pero aquí tenemos la oportunidad de comprar algo más de ropa en la tienda que hay justo fuera del hotel. Por la noche recibimos la llamada de la Duty Manager de Celebi con la noticia de que las maletas por fin han llegado. Ahora queda que nos las entreguen. Cena en el hotel.

Cuarto día. Por cuestiones de mala gestión, las maletas son enviadas al hotel de Dehli. Salimos a ver el fuerte de Agra con subida en elefante. Lo del elefante suena muy bien hasta que los ves. El trato hacia el animal depende de su cuidador, que a la vez es su dueño. El precio está pagado, pero al final del trayecto el conductor va a pedir una "propina" de 50 rupias.

Aquí hago otro punto y aparte. El tema de las propinas. Algo desesperante si nunca te han saqueado de esta manera. Puedo decir que en este viaje he gastado más en propinas que en cualquier otra cosa. Las propinas en el triángulo de oro son algo asumido y casi diría que institucionalizado. El guía te va informando de cuánto es la propina, para esta persona, para esta otra... Incluso te informa al final del tour de cuánto es la propina para él, para el conductor y el ayudante. La explotación laboral les ha llevado a acostumbrarse a sacar un sobresueldo en propinas. Y para el viajero puede suponer el 50% del presupuesto que lleve.

Después de esto vemos el resto de puntos importantes de Jaipur, nos llevan a una fábrica de telas donde el objetivo final (como en tantas otras partes) es venderte algún que otro fular, un sari o lo que se tercie. Esta parada no está explicada en ninguna parte, lo cual nos deja con la idea de que son arreglos que se hacen con la agencia local, que por supuesto implican una comisión al guía, que insiste en llevarnos dejándonos muy poco tiempo para las compras personales que tanto pedimos. Así terminamos teniendo sólo una hora en el bazar central, pudiendo apenas encontrar cosas que llevar teniendo en cuenta el tiempo que se pierde regateando.
Volvemos al hotel. Cena.

Quinto día. Por fin aparecen las maletas. A las 4 A.M. nos llaman a la habitación desde la recepción. Todas han llegado. Propina de turno y a intentar dormir las horas que nos quedan para salir hacia Agra. Partimos a las 8:30, haciendo parada en la Ciudad Fantasma. Por la tarde nos llevan de nuevo a una fábrica de joyería, otro disgusto porque aquí casi nadie compra nada y se considera una pérdida de tiempo. Llegada a Agra y cena en el hotel. Para variar la tercera cama no está lista.

Agra es la más fea de las tres ciudades. Más sucia, desordenada y caótica, esta ciudad vive casi exclusivamente de las visitas al Taj Mahal. No da la cara al turista ni le interesa. Antes de llegar al hotel, el guía nos avisa de cómo funciona el mismo. Un sistema completamente diferente al que hemos experimentado hasta ahora. Aquí todos se matan por atenderte, pero sólo porque todos van detrás de la propina. Los maleteros corren a cogerte las maletas. No porque sea su trabajo, sino porque esperan la propina. Los camareron corren a moverte la silla, o a servirte de un buffet del que puedes hacerlo tú mismo. No porque sea su trabajo, sino porque esperan una propina. No sé cuánto les pagan, seguramente una miseria, pero honestamente todos acabamos cansados de una sobre atención que no se da por el hecho de que les guste su trabajo, sino porque esperan una propina. Sentarte a comer rodeada de 8 camareros que literalmente parecen buitres al acecho de carroña, deja de ser agradable.

Sexto día. Por fin vamos a ver el Taj Mahal. Ya con nuestra ropa limpia, salimos rumbo a una de las siete maravillas del mundo. Ese día, por fin, todo parece ir bien. Tiempo suficiente para hacer fotos, pasear, ver, conocer. Tiempo ultra-limitado para comprar un par de souvenires. Bajada en carro de caballos (misma sensación o peor que con los elefantes), con por supuesto su propina correspondiente. Después vamos al Fuerte de Agra. Comemos en una de las mejores paradas que hemos hecho, con comida hecha menos picante al gusto del turista.
Por la tarde, supuestamente íbamos a ver otra fábrica más, esta vez de mármol, pero todos nos opusimos. A cambio nos ofrecen ir a ver una obra de teatro que algunos deciden ir a ver. Nosotras en cambio decidimos quedarnos a descansar en el hotel. Organizamos una cena de despedida con el grupo, ya que al día siguiente nuestros caminos se separan. Coco, Pepa y Pilar se van en tren hacia Varanasi. El resto vamos hacia Dehli para coger distintos vuelos con distintos destinos: Carmen hacia Sri Lanka, Cristina y Gloria de vuelta a España, Tomé y Salvita hacia Goa, Félix y Antonio de vuelta a casa y nosotras a Bombay.

Séptimo día. Salimos rumbo a Dehli de vuelta con el bus. Cinco largas horas de trayecto de nuevo, que terminan en un hotel cerca del aeropuerto, con comida incluida. Nosotras partimos inmediatamente después de la comida, mientras al resto les toca esperar en el hall del hotel a sus respectivos taxis. Algunas tuvieron que esperar allí hasta las 23:00, algo que tampoco estaba escrito en niguna parte, y que más aún en los papeles de algunas personas especificaba que esa tarde se usaría para ir de compras por Dehli. Ahí separamos nuestros caminos confiando en al menos pasar los últimos dos días de viaje ya con más ganas.

El vuelo a Bombay sale puntual, llegamos por la noche donde recibimos nuestras maletas (¡esta vez sí!) y nos espera puntual el conductor. En el hotel nos recibe el representante y una recepcionista muy agradable que nos informa de todo y al menos, por primera vez, nos avisa que la tercera cama no está puesta pero que la manda a poner en seguida. Tenemos un pequeño problema con la reserva que se soluciona al día siguiente. Como aquí la cena no está incluida, tenemos la oportunidad de cenar algo más occidental, por fin. También nos informan de que el tour no será al día siguiente, sino al otro, porque dicen que una de las cosas que vamos a ver está cerrada los lunes. Un cambio que no nos apetecía mucho, pero que al final resultó muy bueno porque una de nosotras enfermó al día siguiente. Bueno, en realidad todas enfermamos pero de cosas distintas...

Así que el día libre en Bombay, que prometía ser el definitivo para encontrar cosas tipo souvenirs y regalos, resultó siendo un día de descanso para una, y de tráfico y estrés para las otras. Pero al final al menos encontramos algunas cosas, eso sí, souvenirs 0.

Al día siguiente nos encontramos con Sunita, nuestra guía, y ponemos rumbo a uno de los mejores días del viaje. Una persona culta y moderna, que nos deja ver la visión de la India moderna, de su historia y de su religión. Desgraciadamente, como todo el viaje, el tiempo en la India se evapora, apenas dejándonos el tour sin terminar, no pudiendo ver la lavandería de los slums, algo que completaba la visión general de la vida en Bombay. Sin embargo, creo que de aquí es de donde me llevo más información y una visión en conjunto de lo que es este país, lleno de contrastes.
En esta ciudad nadie nos pidió ni una sola propina. Todo fue como lo acordado y todo problema fue resuelto.

Cenamos en el hotel y descansamos ya unas horas para preparar nuestro regreso. Una recuperándose y las otras empeorando, pero no importa porque ya volvemos. Y creo que hasta ahora nunca me he alegrado tanto de terminar un viaje. Una experiencia al completo con niveles de estrés insospechados, que me deja muy mal sabor de boca por parte de los viajes en paquete.

Incredible India.


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